Cuento de terror: Casa con susurros
La Casa Que Nunca Terminaba de Dormir
Desde que Clara se mudó al pequeño pueblo costero, todos le advirtieron —con una amabilidad demasiado incómoda— que no debía dejar abierta la ventana del pasillo durante la noche. Ella pensó que era solo una superstición local relacionada con el clima húmedo, o quizá una exageración sobre los vientos del mar. Aun así, la primera noche decidió ignorar esas advertencias.
La casa era antigua, de madera que parecía absorber los sonidos. Aun así, mientras intentaba dormir, Clara sintió que el aire se volvía pesado, como si algo invisible se deslizara por los pasillos. No escuchó pasos, pero sí una especie de murmullo leve, como una respiración ajena, demasiado cerca de la ventana abierta.
Al día siguiente consultó al vecino más cercano, un hombre mayor que vivía solo. Él le dijo que la casa había pertenecido a una familia grande que solía dejar esa misma ventana abierta para que “la casa respirara”. Nunca explicó más, y Clara decidió dejar de hacer preguntas.
La tercera noche, mientras revisaba su correo en la sala, sintió que el aire cambiaba nuevamente. Un murmullo, ahora más definido, parecía venir desde el pasillo oscuro. Parecía una voz… no hablada, sino exhalada. Como si alguien intentara formar palabras sin tener boca.
Clara se armó de valor y caminó hacia la ventana. El pasillo estaba frío, más frío que el resto de la casa, y la corriente de aire parecía entrar desde un punto más profundo que el exterior mismo. Al asomarse, no vio el jardín… sino un espacio negro, inmóvil, como una habitación sin luz en la que algo se mantenía despierto, esperando.
Cerró la ventana de inmediato. Pero la oscuridad del otro lado pareció resistirse un segundo, como si una mano invisible se aferrara al marco antes de retirarse lenta, pesadamente.
Esa noche, la casa finalmente dejó de murmurar. Pero Clara no durmió. Afuera, entre los árboles, se oía el mismo susurro… como si aquello que respiraba en los pasillos buscara una nueva entrada.
La casa solo necesitaba una grieta… lo que esperaba afuera también.

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