Cuento de terror corto del hospital abandonado
La Sangre No Hace Eco El hospital San Bravio llevaba diez años abandonado, pero las ventanas seguían empañándose cada noche, como si alguien respirara desde adentro. O algo. Mateo cruzó la reja oxidada a las tres de la madrugada. Buscaba grabar un video para su canal: exploración urbana, lugares malditos, ese tipo de cosas. Pero esa noche el aire estaba demasiado quieto, como si el edificio contuviera la respiración. El pasillo principal estaba cubierto de una capa de polvo… salvo por un único rastro: huellas húmedas, humanamente pequeñas, que comenzaban en la nada y se perdían en una sala quirúrgica al fondo. Cuando Mateo entró, la temperatura bajó de golpe. Las lámparas rotas del techo parpadearon sin electricidad. Y entonces vio la camilla. Había un cuerpo, o lo que quedaba de uno. Desollado, sin rostro, apoyado de costado como si alguien lo hubiese dejado ahí apenas unos minutos antes. Lo peor no era la carne expuesta, ni los hilos secos que parecían haber sido arrancado...