Relato de terror: La última melodía del corredor vacío

El misterio del corredor

Ariadna limpiaba de noche un hospital abandonado, donde los pasillos parecían estirar su propia respiración.
Cada vez que pasaba por el ala pediátrica, una cajita musical sonaba sola, aunque llevaba años rota.
Esa noche, la melodía se aceleró, como si algo corriera por dentro de las paredes.
Las sombras se plegaban bajo las camillas, moviéndose antes de que ella parpadeara.
Un rastro de huellas pequeñas, mojadas, apareció detrás suyo… avanzando hacia ella, no alejándose.
Al girar, la cajita musical estaba abierta. Pero no había música. Solo un niño inmóvil… hecho de gasas.
Las huellas no eran del niño: eran las suyas propias, duplicadas, corriendo por delante como si hubiera llegado demasiado tarde a sí misma.


A veces el eco que escuchás en un pasillo no es un sonido: es tu versión que ya intentó escapar.

Si hoy caminás por un corredor oscuro, revisá si tus pasos van al mismo ritmo que vos.




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