Cuento de terror corto sobre un visitante nocturno


El hombre que respiraba detrás del espejo

Luciano vivía solo en un departamento pequeño, donde el único lujo era un espejo antiguo que había encontrado en un mercado de pulgas. No tenía marco y el vidrio parecía ligeramente empañado, incluso después de limpiarlo una y otra vez. Aun así, lo colgó en la pared del pasillo.

La primera noche escuchó algo extraño: una respiración pesada, lenta, casi cansada. Venía del espejo. Pensó que sería su imaginación, un eco del edificio viejo, pero cada vez que pasaba frente a él, el vidrio se nublaba… como si alguien estuviera exhalando desde adentro.

Un día decidió taparlo con una sábana. A las dos de la mañana, la tela cayó al piso con un golpe seco. Cuando fue a levantarla, vio su reflejo… aunque él estaba quieto y su reflejo acababa de parpadear.

Empezaron los cambios sutiles: un hombro más inclinado, una sombra más oscura detrás del reflejo, un gesto que Luciano no había hecho. Hasta que una madrugada lo vio claramente.
Detrás de su reflejo había un hombre demacrado, con la piel tan tensa que los pómulos parecían perforarla. Sus ojos hundidos lo observaban sin moverse, pero su pecho subía y bajaba con una respiración desesperada, como si llevara años sin aire fresco.

Luciano retrocedió y la figura lo imitó… con un retraso de casi dos segundos.
No era su reflejo.
No lo había sido nunca.

El vidrio empezó a vibrar. El hombre detrás del espejo apoyó las manos en la superficie, hundiendo los dedos en el vidrio como si este fuera blando, maleable. Pequeñas grietas se abrieron alrededor de sus uñas. Parecía empujar con una fuerza creciente, ansiosa, hambrienta.

Luciano corrió hacia la salida, pero las luces del pasillo se apagaron al mismo tiempo. En la oscuridad escuchó una respiración cercana, cálida, justo detrás de su cuello.
Cuando giró, el pasillo estaba vacío… y el espejo, ahora sin marco ni soporte, descansaba contra la pared como si alguien lo hubiese dejado allí momentos antes.

Al levantarse al día siguiente, encontró un detalle final que le heló la sangre: el reflejo mostraba su departamento… pero sin él en la habitación.

Los espejos no reflejan tu imagen: esperan reemplazarla.

¿Seguirías usando un espejo que respira antes que vos?




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