Historia de misterio: El faro sin horizonte

El faro sin horizonte

En 1912, Elías heredó un faro que ya no señalaba ningún barco. Cada noche la neblina subía desde un mar que no figuraba en los mapas. El faro giraba solo, incluso apagado, como si vigilara algo que no debía emerger. Una madrugada encontró huellas de agua en la escalera, pero no había lluvia desde semanas. En el cuarto superior, el cristal mostraba un horizonte distinto: ciudades que no eran de su época. Vio su propio faro… pero derruido, con la linterna rota y una silueta moviéndose en su interior. Cuando parpadeó, la imagen lo mostró a él, intentando escapar por la misma escalera que ahora subía. Sintió el faro detenerse al reconocerlo, como si se preparara para cerrarle el paso.

Algunos faros no guían… retienen lo que intentó huir demasiadas veces.


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