Relato de terror: Turno final en la morgue
Turno final en la morgue
Daniel hacía inventario nocturno cuando encontró una camilla registrada como “vacía”, pero cubierta.
El plástico temblaba con un movimiento suave, rítmico, como una respiración contenida.
Pensó que era un error y revisó el registro: el cuerpo asignado allí había sido cremado hacía días.
El temblor aumentó, hinchando el plástico desde adentro, sin romperlo.
Un olor tibio y metálico llenó la sala, aunque la morgue estaba a tres grados.
Daniel, paralizado, levantó un extremo… y vio que no había cuerpo, solo una marca hundida con forma humana.
La marca se movió por sí sola y se deslizó fuera de la camilla, como si buscara un nuevo huésped.
Lo más peligroso de la muerte no es lo que se va… sino lo que queda buscando reemplazo.

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