Cuento inquietante: El comedor que devoraba horas

El comedor que devoraba horas

Mateo fue nombrado velador del asilo la noche que el reloj dejó de marcar la hora.

En el comedor las cucharas caían al suelo a intervalos que nadie podía medir.
El reloj del fondo absorbía el tic-tac y dejaba los platos tibios y las tazas sin crema.
Los residentes se olvidaban de tomar la sopa y al levantarse tropezaban con recuerdos que no reconocían.
Mateo empezó a anotar los nombres en un cuaderno para no perderlos; cada nombre que escribía se volvía más pequeño.
Una madrugada el reloj golpeó doce veces sin sonar, y Mateo notó que en su cuaderno la última línea ya estaba en blanco.
Al buscar la página en blanco, encontró su propio nombre tachado y una nota que decía: "Hora consumida".


No era que el tiempo se fuera… era que alguien lo estaba comiendo, y ahora tenía hambre por dentro.



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