Cuento de terror: El silencio de los retratos

El silencio de los retratos

El museo municipal albergaba una sala de retratos del siglo XVIII, todos donados por una familia ya extinta. Los rostros tenían un mismo gesto: bocas cerradas, como si alguien les hubiera prohibido hablar.

El guardia nocturno notó que algunas noches la sala amanecía con los cuadros inclinados, como si algo se hubiera movido dentro.
Una madrugada escuchó susurros detrás de los lienzos, murmurando palabras en un idioma que no reconocía.
Al encender la luz, todos los retratos tenían un cambio mínimo: las bocas estaban apenas entreabiertas.
El guardia retrocedió aterrado.


En el cuadro más grande, la figura central ya no estaba mirando de frente… sino directamente hacia él.

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